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Martes, 28 Diciembre 2021 23:12

Alta productividad. Trigo récord, “imposible” en la zona núcleo: cómo es el manejo que triplicó el promedio de rinde nacional

Los altos rindes de trigo están asociados en la Argentina al sudeste bonaerense. Sucede desde hace décadas, aunque hay antecedentes históricos en el norte patagónico y la capital nacional de este cereal es Leones, en el sur cordobés. Pues bien, en esa zona, un poco más al oeste, en Coronel Baigorria, cerca de Río Cuarto, se acaba de registrar un récord de rendimiento “nunca visto” en la zona núcleo donde reinan la soja y el maíz: 104 quintales por hectárea. Ese fue el promedio, porque el monitor de rendimiento de la cosechadora reflejó picos de 120 qq/ha en algunas parcelas de un lote comercial, no experimental, de 70 hectáreas. El protagonista de esta historia es Juan José Boccolini, un ingeniero biomédico de 33 años, tercera generación de una familia de productores agropecuarios, que hasta hace 2015, cuando tenía 27 años, fue prácticamente “empujado” a buscar otros horizontes profesionales.

La relación padre-hijo: de las diferencias a la confianza ganadora

Santiago Boccolini, hoy de 60 años, siempre quiso que su hijo Juan José se dedicara a otra cosa. No lo quería en el campo para que desarrollara en otra actividad todo el potencial que le veía. A tal punto que lo incentivó a estudiar otra carrera, sin ninguna relación con el trabajo rural que él había heredado de su padre.

Así, Juan José se recibió de ingeniero biomédico en Córdoba y trabajó 5 años en una multinacional en Buenos Aires. Hasta que una noche de cerveza en el balcón, en 2015, sintió el llamado de protagonizar la tercera generación, que comparte con sus dos hermanas.

Desde entonces, ha sido un tire y afloje con distintos paradigmas, en un trabajo conjunto en el que Juan José reconoce la experiencia y Santiago valora el empuje innovador. El desarrollo que están logrando juntos expone que van pudiendo dejar atrás las diferencias. Y que el afecto filial se transforma también en confianza para la ganancia productiva.

La sangre tira y lo que se mama de chico en algún momento aflora por los poros. Depende de cómo se escuche ese latido interior y la audacia que cada persona decida poner en juego.

En este caso, Juan se está animando a romperle los paradigmas a su padre, y juntos, con “discusiones todos los días” están logrando objetivos de apariencia imposible, tal como creían incluso algunos técnicos especializados.

De la biomedicina a la gestión agropecuaria

Dedicado durante 5 años a prótesis y otros objetos sofisticados de la biomedicina, con un buen sueldo y proyección profesional en Buenos Aires, Juan se rebeló con el mandato paterno y se volvió para convencerlo de que podían crecer mucho más.

Todo se fue dando como un “efecto dominó”. De hecho, este trigo récord, sembrado el 1° de junio y cosechado el 11 de este mes, es “nieto” de las vacas e hijo de un maíz también superlativo. La metáfora refiere a que la intensificación productiva surgió para contar con granos como reserva forrajera para el feedlot. Y la siembra de trigo deriva de la apuesta por las rotaciones agrícolas.

“Estamos en una zona de bajas precipitaciones en invierno, por eso decidimos poner un equipo de riego subterráneo por goteo. Eso nos obligó a cambiar la cabeza productiva para ser más eficientes, a los fines de recuperar la inversión y amortizar el costo del equipo de riego”, explica Juan con naturalidad, casi sin darse cuenta de su actitud excepcional.

La instalación del riego subterráneo implica tres etapas: primero la instalación eléctrica, luego la del pozo de agua y finalmente el “sembrado de las mangueras”, de a 3 surcos por pasada, a 30 cm de profundidad.

De las 2.000 hectáreas que cultivan en la zona núcleo (1.200 propias) ya tienen 250 con manejo del agua independiente de las lluvias.

Jueguen por abajo

Como recomiendan los impulsores del buen fútbol, los Boccolini decidieron “jugar por abajo”. Para ganar productividad, en vez de mirar al cielo apostaron a la base. Y a partir de ahí pisaron fuerte.

En el primer año de disponibilidad de riego, sembraron maíz (el 10 de octubre de 2020) con un alto planteo tecnológico, con mayor densidad de semillas: 113.000 plantas por hectárea en promedio, con zonas del lote de 120.000 y otras 108.000, según midieron las respuestas del suelo. “Tenemos evaluado que en un sector hay mejores condiciones edáficas y amerita poner más plantas”, dice Juan, con precisión quirúrgica.

En secano, lo habitual es poner 70.000 plantas por hectárea. Y aun con riego, la recomendación oscila en torno de las 100.000 plantas por hectárea. Pero en este caso se animaron un poco más. Y el 23 de marzo de esta año les rindió 178 quintales por hectárea.

En todos los casos, el manejo es por ambientes, con mapas de rinde y “pinchazos” en el suelo para detectar situaciones particulares, metro a metro. Lógicamente, las siembras son variables,al igual que las aplicaciones periódicas de nitrógeno y fósforo.

La antesala del trigo estelar fue un barbecho químico con Traspect, un graminicida de Syngenta, aplicado 45 días antes de la siembra. Un mes antes se aplicaron 180 kg de urea granulada y finalmente se sembraron 180 kg de semillas por hectárea (más del doble que lo habitual) de Baguette 620 de Nidera, a 21 centímetros entre surcos. El tratamiento de las semillas se hizo con Bárbora Integral.

Con el complemento del arrancador fertilizante Foszinc45, el trigo nació parejito: con una emergencia del 98% de las plántulas.

El sistema de riego también es clave para la fertilización. “Permite elegir el momento y esta vez recibió justo el One Plus fertirregado por las mangueras subterráneas”, destaca Juan. Y remarca que “con la buena condición general y la evidente sanidad de la variedad de semillas elegida, no fue necesaria la segunda dosis de fungicidas que habíamos presupuestado”.

En esta campaña, la oferta hídrica tuvo viento de cola, para pasar de los 200 milímetros habituales en la zona a los 405 mm finales: este número se alcanzó con 50 mm iniciales, una nevada que representó otros 30 mm, más los 255 mm por riego subterráneo y una lluvia de 70 mm que brindó el envión final.

La ecuación permitió ese rinde que cuadruplicó el promedio de la zona: no son muchos los productores que apuestan allí por el trigo, y los rendimientos oscilan en torno a los 25 quintales por hectárea. Claro que la cuestión va más allá del agua. “No sé que podría haber pasado con otra variedad de semillas”, plantea el productor, todavía sorprendido.

Vale recordar que todo surgió desde la “necesidad” de contar con maíz y picado de maíz disponible para el feedlot de la empresa familiar. Pero el círculo virtuoso de la intensificación augura que con 5 campañas de maíz y trigo como la de este año, se paga la inversión en riego... Si, se puede...

Números nacionales

Este jueves, el informe semanal de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires indicó que el promedio nacional de rendimientos en trigo es de 32,8 quintales por hectárea, y en el sur de Córdoba, con un 91,5 % de avance de cosecha, el promedio regional es de 29,2 quintales por hectárea.

La Bolsa porteña reflejó que el porcentual cosechado en todo el país es de 78,3 %. Se esperan un total de 22 millones de toneladas de trigo.

Maquinaria propia

Una particularidad de los Boccolini es que si con el trigo parecen franceses, con el uso de maquinaria se asemejan a agricultores de otros países: como muchos norteamericanos, u otros latinoamericanos, cuentan con fierros propios e incluso los manejan ellos mismos. Aunque Juan “pelea” todos los días con la dificultad de Santiago para delegar. “Si querés estar en todo, nunca llegarás lejos”, repite como lema.

El parque de maquinaria incluye una cosechadora, con su plataforma y su maicero, dos monotolvas, dos tractores, cuatro sembradoras (2 a 52 y 2 a 42 centímetros), dos pulverizadoras, embolsadoras, extractoras de granos, un paratil, casillas, y hasta 2 camiones y una jaula para hacienda, entre otros equipos mecanizados.

Más allá de los gustos, la dinámica productiva no se detiene. En ese mismo lote mágico, en estos días están sembrando soja, el otro gran cultivo argentino que va por un resultado asombroso... Apuestan a 410.000 plantas por hectárea de semillas Asgrow, sembradas a 42 centímetros entre surcos.

Juan explica, como argumenta todos los días ante Santiago, que “si los números demuestran la razón de los planteos, no hay que temer a la rotura de paradigmas”. Y advierte: “Tengo más ideas innovadoras. Veremos en el tiempo qué resultados nos dan”.

Rural – Clarín – Mauricio Bártoli